Autor: Carlos Ernesto Hernández Dltn
Fuente: http://carlitoszaaparaweb.spaces.msn.com
Muchas personas, cuando se habla de compromiso, tienden a fruncir el ceño o hacer mala cara como en señal de reprobación o desacuerdo con lo que se les pide. Pero muy pocas veces, dentro de la iglesia, nos ponemos a pensar que quien nos pide un compromiso cristiano y humano con nosotros mismos es Jesús de Nazaret. El mismo que un día tomo el compromiso de morir en una cruz por nuestros pecados y pago las culpas de todas nuestras rebeldías (Is 53, 6).
Es importante reconocer a que hemos venido a este mundo, si a gozar de sus perversiones (que en verdad no es un gozo duradero o que permanezca estable) o a servir a Dios, tal cual Él lo hizo cuando visitó esta tierra. Si hemos sido creados a su imagen y semejanza, que mensaje podemos encontrar desde el principio de nuestra creación. El mismo hijo de Dios, Jesucristo Nuestro Señor, se hizo hombre, semejante a nosotros en todo, menos en el pecado (Heb 4, 15); lo cual constituyó un gran camino a seguir, de ser tal y como Él lo es.
Ahora es momento propicio para preguntarnos en que estamos comprometidos con Nuestro Dios. Todos queremos ser salvos, siempre y cuando no cueste tanto sacrificio la salvación. Pero al igual que muchos de nosotros, la vida se hace dura, tal como a Jesús de Nazareth. Cada día, cada hora, cada minuto es especial para poder llegar a comprender los grandes campos del apostolado que podemos desarrollar en nuestra casa, en nuestra tropa de amigos, en nuestro grupo juvenil, en nuestra comunidad; siempre imitando las enseñanzas del Maestro, aceptándolo como lo que es, Nuestro Salvador, Nuestro Redentor, Nuestro Dios.
Nuestro compromiso debe ir inseparable de nuestra vida cotidiana, en todo momento debemos recordar que Dios nos exige muchas cosas, que si queremos compartir con Él la gloria de la resurrección, debemos compartir su misión, esa misión que nos dejó a todo bautizado, sin excepción alguna; de ir por el mundo proclamando la buena nueva de salvación a toda criatura. Tal como lo hizo Santiago apóstol, San Nicolás de Mira, San Francisco de Asís, así como también nuestro mártir salvadoreño (a quienes muchos ya lo llaman: “San Romero de América”) Monseñor Romero, que fue un fiel pastor de la Iglesia en nuestro país y que no se dejó influenciar por corrientes idealista en contra del evangelio de Jesucristo. Es importante seguir su ejemplo y no dejarnos quitar como iglesia, la figura de Monseñor Romero, ni permitir que la manchen con insultos a su integridad como hombre de Dios.
Debemos plantearnos la interrogante: ¿Qué esta haciendo Dios por nosotros? Y ¿Qué estamos haciendo por nuestro Dios? Si lo que estamos haciendo hasta el momento por Nuestro Dios es suficiente o necesitamos poner mas de nuestra parte, si necesitamos ser mas entusiastas, mas lectores de la palabra, si necesitamos ser mas colaboradores, mas personas de oración, si necesitamos dar mas de nuestro “valioso” tiempo, si necesitamos ser mas participativos, mas amantes de la Eucaristía, si necesitamos ser mas solidarios, mas íntegros en nuestro hablar, sentir y pensar, si necesitamos tener mas seriedad dentro de nuestro ministerio (sea cual sea que desarrollemos), si necesitamos tener mas y mejor madurez espiritual; para no dejarnos llevar por pequeños problemas, por pequeños tropiezos, para que a la primer caída no nos quedemos en el suelo, sino que a ejemplo del Maestro, nos levantemos y sigamos caminando para alcanzar la vida eterna, esa misma vida que Jesús nos ha ofrecido.
Al final, si necesitamos corresponder de una mejor forma a lo que Dios esta haciendo por nosotros, y que ha venido haciendo desde antes de nuestra concepción en el seno materno. Debemos convencernos que ya no somos mas del mundo, si no que el Maestro nos eligió de en medio del mundo para que por nosotros demos gloria al Padre, al Hijo y al Espíritu Santo, por los siglos de los siglos…..
Y tu que vas a hacer?……